Este artículo resume y parafrasea un documento de época. Conserva sus hechos y argumentos centrales, pero no reproduce literalmente sus declaraciones ni presenta sus valoraciones como información vigente.
El escrito atribuido a Agustín Tosco interpreta el Cordobazo como el resultado de un proceso prolongado de organización, conciencia política y resistencia frente a la dictadura encabezada por Juan Carlos Onganía.
Tosco redactó su balance en junio de 1970 mientras se encontraba detenido en Rawson. El texto fue recuperado por el archivo en 2009, al cumplirse cuatro décadas del levantamiento cordobés. Su mirada es la de un protagonista sindical: no busca ofrecer una crónica distante, sino ordenar las causas que, según su experiencia, hicieron posible la convergencia de trabajadores, estudiantes y otros sectores sociales.
Por qué Córdoba
La interpretación subraya que una parte importante de la sociedad cordobesa recibió con desconfianza las promesas de modernización del régimen iniciado en 1966. La intervención de las universidades, la restricción de la actividad política, el control de los sindicatos y una política económica adversa para numerosos trabajadores alimentaron esa oposición.
En ese proceso tuvieron especial importancia el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, los gremios industriales y mecánicos, la central obrera local y las agrupaciones estudiantiles de universidades públicas y privadas. También participaron sectores religiosos, profesionales y políticos con posiciones diversas.
El documento recuerda la muerte del estudiante Santiago Pampillón en 1966 como un momento decisivo para la solidaridad entre el movimiento obrero y el universitario. Las protestas posteriores, los paros y la respuesta represiva reforzaron vínculos que serían fundamentales en 1969.
Conflicto laboral y oposición política
Entre 1966 y 1968 se acumularon reclamos por salarios congelados, pérdida de derechos laborales, intervenciones sindicales, desempleo y deterioro del poder adquisitivo. Tosco también cuestionó el rumbo económico del gobierno, al que consideraba favorable a grandes grupos empresariales y perjudicial para la industria nacional y las empresas públicas.
Su relato presta atención a la disputa dentro del sindicalismo. Mientras algunos dirigentes nacionales buscaban acuerdos con el gobierno, las bases cordobesas impulsaban planes de acción. La formación de la CGT de los Argentinos en 1968 fue presentada como una respuesta a esa tensión y como un nuevo espacio para articular la oposición gremial.
En Córdoba continuaron las concentraciones y protestas pese a las detenciones. La sucesión de prohibiciones no eliminó el conflicto: aumentó la distancia entre el gobierno provincial, la dictadura nacional y sectores crecientes de la población.
1969: de los reclamos al paro general
En los primeros meses de 1969, los conflictos laborales se concentraron en las denominadas quitas zonales, el reconocimiento de la antigüedad y la modificación del régimen de descanso semanal. Paralelamente, el movimiento estudiantil protestaba por medidas universitarias y por la actuación de las fuerzas de seguridad en distintas ciudades.
La muerte de estudiantes durante protestas en Corrientes y Rosario tuvo una fuerte repercusión nacional. En Córdoba hubo asambleas, marchas y acciones conjuntas. El 26 de mayo, dos plenarios obreros resolvieron un paro de 37 horas desde la mañana del día 29, con abandono de tareas y concentraciones públicas. Las organizaciones estudiantiles se sumaron.
Una asamblea de trabajadores mecánicos terminó con enfrentamientos tras una intervención policial.
La ciudad registró una paralización amplia en rechazo a las políticas laborales y la represión.
Las organizaciones obreras acordaron un paro general de 37 horas y concentraciones para el día 29.
Columnas obreras y estudiantiles avanzaron hacia el centro. La respuesta policial y la muerte del trabajador Máximo Mena ampliaron la protesta.
La movilización continuó bajo intervención militar, con detenciones, personas heridas y víctimas fatales.
La jornada del 29 de mayo
El texto describe una movilización organizada desde fábricas, sindicatos y centros estudiantiles. Las columnas debían reunirse en el centro de Córdoba, pero fueron interceptadas por las fuerzas de seguridad. La noticia de la muerte de Máximo Mena, trabajador del sector mecánico, extendió la indignación.
La protesta se propagó por el centro y los barrios. Participaron trabajadores, estudiantes y habitantes que apoyaron las movilizaciones. Hubo daños, incendios, enfrentamientos y una posterior intervención militar. Las fuentes históricas difieren en algunos balances de víctimas, por lo que este resumen evita repetir cifras no verificadas del documento original.
Tosco fue detenido y condenado por un tribunal militar junto con otros dirigentes. Su encarcelamiento en Rawson se convirtió, en su relato, en una continuación del conflicto político y sindical. La solidaridad recibida desde distintas localidades reforzó su convicción de que la protesta cordobesa había adquirido dimensión nacional.
El sentido político del documento
La carta sostiene que la unidad no exigía borrar diferencias ideológicas o religiosas. Por el contrario, proponía coordinar a sectores distintos alrededor de objetivos comunes: derechos laborales, libertades públicas, participación democrática y justicia social.
Leído hoy, el escrito permite estudiar cómo un dirigente sindical explicó un acontecimiento del que formó parte. También muestra el vocabulario político de su tiempo, la relación entre fábricas y universidades y la centralidad de Córdoba en la oposición a la dictadura.
Agustín Tosco fue secretario general del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba durante el Cordobazo y uno de los referentes del sindicalismo clasista argentino. Murió en noviembre de 1975. La preservación de este documento responde a su valor como fuente para comprender la historia obrera y política del país.