A fines de 2009, representantes de países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América preparaban el inicio del Sistema Único de Compensación Regional de Pagos, conocido por la sigla SUCRE.
La iniciativa había surgido durante una cumbre celebrada en Caracas en noviembre de 2008. Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba impulsaban entonces el mecanismo como una herramienta para liquidar intercambios comerciales regionales sin depender de una transferencia directa en dólares para cada operación.
Los anuncios de la época indicaban que la primera transacción se realizaría en enero de 2010. El caso previsto involucraba una exportación de arroz desde una empresa cubano-venezolana hacia Cuba, aunque en ese momento no se había divulgado el valor de la operación.
Una unidad contable, no un billete
La explicación técnica presentada entonces describía al SUCRE como una unidad de cuenta común, registrada mediante sistemas informáticos. No tendría billetes ni monedas propios y, en su etapa inicial, sería utilizada entre bancos centrales y entidades vinculadas al mecanismo de compensación.
Su valor se calcularía a partir de una combinación de monedas nacionales y divisas de referencia. El objetivo declarado era ofrecer estabilidad suficiente para facilitar el intercambio y reducir gradualmente el uso de la moneda estadounidense en el comercio entre los países participantes.
El proyecto no contemplaba reemplazar las monedas nacionales. Cada Estado conservaría su divisa y establecería la relación de cambio correspondiente frente a la unidad regional. La comparación utilizada en la presentación de 2009 fue la del ECU europeo, que precedió al euro como referencia contable.
Claves del diseño anunciado en 2009
- Funcionamiento digital y sin emisión física.
- Uso inicial en operaciones entre bancos centrales.
- Valor asociado a una canasta de monedas.
- Conservación de las divisas nacionales.
- Compensación de pagos comerciales dentro del sistema.
Gobernanza y compensación
La estructura presentada incluía un consejo monetario como máxima instancia de decisión, un directorio con representación de los países miembros, una cámara central de compensación y un fondo relacionado con reservas y convergencia comercial.
Según la descripción de aquel momento, cada país tendría un voto con independencia de su volumen de comercio. El consejo asignaría montos de la unidad contable de acuerdo con las operaciones previstas, mientras la cámara procesaría los pagos ordenados por los bancos centrales.
El planteo formaba parte de una discusión más amplia sobre integración económica latinoamericana, mecanismos de comercio intrarregional y autonomía monetaria. Leído hoy, el artículo permite observar las expectativas institucionales que rodeaban al proyecto antes de sus primeras operaciones.