La entrada de la Unión Soviética en la guerra contra Japón comenzó el 9 de agosto de 1945. La ofensiva duró pocas semanas, pero afectó la rendición japonesa, la ocupación de Manchuria y la configuración posterior de Sajalín, las islas Kuriles y la península coreana.
Antecedentes de una rivalidad regional
La relación entre Rusia y Japón estuvo marcada por la guerra de 1904-1905. El acuerdo de Portsmouth cerró aquel conflicto y consolidó la influencia japonesa en el Lejano Oriente, mientras Rusia perdió el control sobre la península de Liaodong y la mitad meridional de Sajalín.
La derrota también debilitó el prestigio ruso en la región. En las décadas siguientes, Japón amplió su poder marítimo y su presencia en China. Durante la revolución rusa y la guerra civil, fuerzas japonesas ocuparon temporalmente sectores del Lejano Oriente ruso antes de retirarse.
Con la consolidación de la Unión Soviética, Moscú y Tokio sostuvieron una competencia cada vez más intensa. La tensión produjo enfrentamientos fronterizos en el lago Jasán en 1938 y en Jaljin Gol en 1939. Esos choques demostraron el riesgo de una guerra mayor en el nordeste asiático.
Una neutralidad limitada
El 13 de abril de 1941, la Unión Soviética y Japón firmaron un pacto de neutralidad. Para Tokio, el acuerdo facilitó la concentración de recursos en el Pacífico y el sudeste asiático. Para Moscú, redujo temporalmente el peligro de combatir al mismo tiempo contra Alemania y Japón.
La neutralidad nunca eliminó la desconfianza. Se registraron incidentes fronterizos y detenciones de embarcaciones, mientras ambas partes evaluaban la evolución de la guerra. Japón evitó abrir un frente contra la Unión Soviética, pese a su alianza con Alemania; Moscú, a su vez, mantuvo fuerzas considerables en el este.
En febrero de 1945, durante la Conferencia de Yalta, la dirigencia soviética se comprometió ante los aliados occidentales a entrar en la guerra contra Japón después de la derrota alemana. El objetivo militar era enfrentar al Ejército de Kwantung, desplegado principalmente en Manchuria.
La ofensiva de agosto
Las fuerzas soviéticas avanzaron desde Transbaikalia, el Lejano Oriente y Mongolia hacia Manchuria. El ataque combinó unidades terrestres, blindadas y aéreas a través de amplias distancias y terrenos difíciles. Las defensas japonesas ofrecieron resistencia en distintos puntos, aunque no consiguieron detener el avance general.
En pocos días, las fuerzas atacantes penetraron profundamente en Manchuria y ocuparon centros estratégicos. La campaña también se extendió al sur de Sajalín y a las islas Kuriles. Un proyecto de desembarco soviético en Hokkaido no llegó a ejecutarse.
El mando japonés comunicó su disposición a aceptar la rendición a mediados de agosto, pero las órdenes tardaron en llegar a todas las unidades. Por ello, algunos enfrentamientos continuaron mientras se organizaba la entrega de armas y la custodia de prisioneros.
La rendición japonesa: un debate histórico
La ofensiva soviética coincidió con los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. La importancia relativa de esos acontecimientos en la decisión japonesa de rendirse continúa siendo materia de discusión entre especialistas. El texto archivado de 2010 atribuía un peso decisivo a la entrada soviética; otras interpretaciones subrayan la combinación de la ofensiva, la destrucción causada por los bombardeos y el agotamiento general de Japón.
Lo verificable es que la declaración soviética eliminó la posibilidad de utilizar a Moscú como intermediario para negociar y abrió un nuevo frente continental. Al mismo tiempo, el gobierno japonés afrontaba una situación militar y humanitaria insostenible. La rendición formal se firmó el 2 de septiembre de 1945 a bordo del acorazado Missouri, en la bahía de Tokio.
Consecuencias territoriales y políticas
La campaña concluyó con la derrota del Ejército de Kwantung y la ocupación soviética de Manchuria, el sur de Sajalín y las Kuriles. Manchuria fue posteriormente transferida al control chino, mientras la presencia soviética en el norte de Corea contribuyó a la división de la península en zonas de ocupación.
Japón renunció en el Tratado de Paz de San Francisco a sus derechos sobre Sajalín y las Kuriles, aunque la delimitación y soberanía de las islas más meridionales siguió siendo objeto de disputa diplomática. Debido a ese desacuerdo, Rusia y Japón no han celebrado un tratado de paz bilateral definitivo que resuelva por completo la herencia territorial de 1945.
La campaña fue breve en comparación con otros frentes de la Segunda Guerra Mundial, pero tuvo efectos duraderos. Alteró el equilibrio regional, condicionó la posguerra en China y Corea y dejó controversias territoriales que todavía forman parte de la diplomacia del nordeste asiático.