
Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)
La ONU en 2008 registra 120 ataques de secuestradores de alta mar, frente a las costas de Somalia, con 35 navíos y 600 personas retenidas. El fenómeno comienza en 1991 con el derrocamiento del Gobierno de Mohamed Siad Barré en 1991. Significativamente, éste ha sido el único gobernante que mantuvo cierta estabilidad por 20 años, en un régimen que comenzó con un proyecto socialista, y que terminó acoplándose a la guerra fría como cualquier otro gobierno autoritario.
Aunque la realidad somalí es más compleja, el dato específico es que el fin del gobierno de Siad Barré antecede por meses al desbande de la Ex URSS. Lo que prosigue, es la beligerancia entre facciones de una exacerbación tal, que ha llevado al país al borde de la desintegración total. Esto ha abierto apetitos expansivos de países más estables como Kenya y Etiopia (vinculados estrechamente con potencias occidentales), para lo impensado: la anexión de Somalia.
Se estima que más de 150 millones de US dólares se han pagado por el rescate de navíos en los últimos 12 meses. Otras fuentes reducen significativamente el monto a 50 millones. Los operadores provienen principalmente de la zona de Puntland, al norte, que mantiene status de autonomía desde 1998.
El último secuestro corresponde al navío petrolero Sirius-Star, con 25 tripulantes y US 100 millones de crudo. La información respecto al monto solicitado para su liberación es todavía imprecisa, aunque se habla de 25 a 30 millones de US dólares. Perteneciente a una compañía de Arabia Saudita, tiene un valor de US 148 millones.
Descolonización: la tarea internacional pendiente
Por estar próxima a un golfo estratégico, desde las antiguas incursiones chinas, hasta las monárquicas del Reino Unido y las fascistas de Mussolini, Somalia ha sido un botín colonial. Entremedio, han pasado “manos” turcas, egipcias, con los dientes etíopes siempre al acecho, y la perenne ambición francesa de tener un pie en África oriental. De hecho Djibouti fue francés.
Como ocurre habitualmente con el estallido de un particular problema, el fenómeno de fondo es otro. La condicionante cardinal no está en los mismos secuestradores - que han encontrado una fuente de ingresos tan “legítima” como la del narcotráfico, o del uso indebido de las turbulencias financieras por el capital especulativo- ni se encuentra en la descomposición del estado somalí.
La vertiente de problemas emerge cuando descolonización y desarrollo se contraponen, y como resultado, las sociedades africanas se estancan en el hambre y la miseria, mientras que frente a su ribera circula el desarrollo, y a poca distancia brilla la grotesca opulencia del petróleo árabe.
Somalia podría ser una síntesis de varias etapas históricas de expansión y colonialismo, y esta serie de secuestros de gran escala, tiene el sello más bien de una asonada a partir del vaciamiento de posibilidades. Como señal, se sitúa más allá de la simplificación de piratería.
Las estadísticas son elocuentes. El PIB de Somalia es de US$5.387 mil millones (2007), con un ingreso per cápita de $600 (2007). Estas cifras se sitúan por debajo de Afganistán, Rwanda, Sudan y Chad, que ya tienen pobreza de envergadura mayor. No obstante, Somalia al poseer uranio y grandes reservas de hierro, cobre, bauxita, gras natural, petróleo, sal, cobre, y yeso, forma parte de la ambición territorial de potencias de todo tipo, donde no están ajenos los intereses de árabes y africanos.
Al pensar en Somalia, la conexión se produce inmediatamente con pobreza y caos, jamás con riqueza y sofisticación, y de allí viene la primera distorsión, cuando se trata de explicar la situación actual. Somalia tiene una historia también de riqueza en recursos físicos, cosmopolitismo y sofisticación, al estar ubicada en una zona de pasaje, y encuentro de varias culturas. El accionar de los secuestradores así lo está demostrando, porque está presente una lectura del clima internacional.
Otra distorsión es cuando se propaga que el problema de Somalia reside en la debilidad del estado por la preponderancia de clanes, que es la forma lineal y occidental de plantear el problema.
Es probable que en con la actual fragmentación de liderazgo, y la existencia de varios grupos de poder, se esté dando con más autenticidad el proceso de descolonización. El experimento de estado nación “macro”, que intenta ensamblar varias naciones con diversidad cultural, a través de un expediente conceptual importado, está siendo constantemente cuestionado por la severidad de los conflictos.
Este planteamiento que puede estar más apegado a la clave antropológica del desarrollo, no causa simpatías en la reordenación del mundo, a la hora de expandir el modelo de sociedad democrática, y es menos funcional, en la incorporación de nuevos territorios al activo de capitales.
Estos operadores actúan frente a una falencia mayor del sistema internacional que consiste en el caos provocado por la multiplicidad de agentes externos que intervienen en la realidad africana y somalí en este caso. Las naciones africanas liberadas, no se alcanzan a reinventar con la ayuda externa, siendo esta al mismo tiempo, el principal agente de división interna porque entrega los recursos.
La debilidad del derecho internacional
Existe otro tipo de piratas, más formales y establecidos que son las compañías de la pesca de las potencias occidentales, que están vaciando las costas africanas con las factorías pesqueras. Lo de Somalia, abre un cauce de problemas más amplio, y que se había mantenido bajo cuatro paredes. ¿Donde están todos los piratas?
Lo de Somalia refirma que el mar es la plataforma más frágil en cuanto a protección y legislación. Aunque el uso del mar se pierde en el horizonte de la historia, su protección es reciente. El Derecho del Mar ha sido una criatura cuyo origen delata las fauces del capitalismo, y es de desarrollo tardío con dos hitos fundacionales: Las Convenciones de 1958 (Ginebra) y 1982 (Jamaica). Por ello quizás, corresponde también a la parte más cooptada del derecho internacional.
La razón es muy simple, Más que cualquier otro espacio, el mar es tráfico y explotación. Por lo tanto, en el Derecho del Mar, se ha aplicado el máximo de pragmatismo, reduciendo la distorsión que provocan las consideraciones proteccionistas. El juego de poder entre las grandes potencias ha tenido un rol fundamental en este clima permisivo, donde claramente el secuestrar navíos tanques petroleros es otra opción de generar ingresos.
Foto: Buque tanque Sirius Star capturado por piratas somalíes. / Autor: CATERS NEWS AGENCY.
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