
Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)
Barack Obama ya ha abierto la cancha y eso significa que de la rigidez ideológica neoconservadora se pasará, de alguna forma a gobernar de a dos y tres bandas.
La ansiedad y la cantidad
En siete días, se inaugura una nueva administración. El presidente electo que asume se hará cargo tal vez del peor estado de situación que se recuerde en EEUU desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Tres guerras no resueltas (Afganistán, Irak y terrorismo), caos económico, un sistema de equilibrios internacionales altamente descompensado globalmente y por regiones, conforman un panorama de difícil manejo aunque se tenga visión y respaldo.
La urgencia por expresar soluciones ha derivado en un ambiente de extrema ansiedad frente a un escenario de mucho por hacer. El volumen de los problemas probablemente avasalle la calidad de las propuestas, y la tendencia del “comentarismo”, es a pensar en grande. EEUU siempre pensó en grande a la hora de resolver. Mientras no asuma, el mensaje de Barack Obama ha consistido en avanzar de a poco.
Finanzas y Seguridad, dos claves del sistema, han sido los tópicos que concentran la atención, y donde ya hay fuego cruzado. Como expira un gobierno muy desvencijado, la ansiedad es mucho mayor. La oposición, el neoconservadurismo derrotado, ha empezado a criticar el plan de recuperación económica por encontrarlo con olor a viejo Plan de Bienestar Europeo. En Seguridad, por el nombramiento para director de la CIA de un político y funcionario extra corporativo respecto al ámbito de la inteligencia, Leon Panetta, los descontentos le disparan con artillería pesada.
Es casi un lugar común señalar que Barack Obama asume un país en “estado de emergencia”. En diciembre se perdieron 500.000 empleos. La proyección más reciente estima que EEUU estaría en los 21 millones de desempleados. El dato oficial es de 7.2%. Para el sociólogo y profesor Roberto Zuban, a esos 21 millones hay que sumarle un 50 % de ese número de 21 millones que representan los del “carrusel” del mercado del trabajo. “Hay un factor de marcada temporalidad en los que consiguen empleo y además que los salarios son precarios. Estas personas no participan en forma sustantiva y permanente en el consumo y los beneficios, generando doble carga al sistema”.
Se estima que el desempleo se elevaría a dos dígitos durante 2009, situación planteada por el propio Barack Obama en su discurso del jueves 8 de enero, lo que significa una erosión adicional al programa de recuperación económica. Para el mismo Zuban, la postura del futuro presidente es un tanto apocalíptica, “Pero es probablemente la única forma de que la mayoría de la gente encuentre la perspectiva verdadera del problema”.
En una economía que supera los 13.7 billones de dólares en PIB, cualquier iniciativa de recuperación comienza a bordear esa “mágica” cifra del billón. El déficit fiscal ya lo superó, por lo que el programa de recuperación económica, a un costo que supera levemente los 800 mil millones de dólares, responde a la precariedad de la realidad financiera. Los analistas consideran insuficiente la cantidad, y se duda si esta contención es por una realidad económica o por una cautela política.
Otros piensan que Obama percibe que hay un desorden y un déficit en la concepción y gestión de las políticas públicas. “Hay que formar un marco conceptual que conduzca”, como lo apuntó el secretario de salud nominado Tom Daschle, ante la Comisión de Salud del Senado. La receta se aplica al país. Sin ese marco, por urgente que sea el plan de recuperación, hay que ir despacio con los fondos, pensando en la calidad de la intervención.
El diagnóstico más divulgado apunta a que la situación económica es desastrosa. Frente a ella, Obama ha comenzado una campaña de difusión en el público, para contar con el apoyo mayoritario del estadounidense a su programa de recuperación económica. Se habla de que sin un apoyo masivo y contundente de la población, el programa caería en el tráfico de la política habitual, en donde priman los intereses del poder político, especialmente en los congresistas.
Muchos congresistas se encuentran en la estacada. Por la necesidad de aferrarse al poder, el intento de representar fielmente a sus electores, estará ahora determinado por la necesidad de salir de la crisis nacional. En este sentido, el discurso del último jueves de Barack Obama es un llamado a la unidad nacional para acordar las prioridades como el común denominador en un país que debe reducir las fronteras políticas para salir de la crisis.
Las nuevas batallas políticas
La transición ha sido el modelo para armar. El tono y los temas de la tarea están lanzados.
Un columnista, por la magnitud de la tarea, expresa una anticipada frustración antes de que el Gobierno asuma: “Por esta fecha el próximo año, el (Obama) sería un gran presidente o uno destrozado”. Otro columnista en la misma página, manifestaba su desencanto por el plan económico. (The New York Times 9 de enero).
Son advertencias que expresan ansiedades profundas por la dimensión del trabajo, pero también existe una desconfianza que se arrastra. ¿Es tal el impacto de una administración tan fallida como la de George W. Bush?
El presidente que asume se ha transformado en la oportunidad para salir de la frustración de una administración, como la neoconservadora que expira su mandato en siete días, que no estableció un diálogo con la población. Se encerraron a gobernar y allí están los resultados.
Algunas decisiones han sido poco ortodoxas, en especial la del nombramiento del nuevo director en la CIA. Los reclamos provienen de su propio partido, porque algunas figuras de ese cuerpo hermético no han sido consultadas. Ese “mundo de la inteligencia”, ha puesto a George W. Bush a un paso de ser acusado por crímenes de lesa humanidad debido a las torturas a prisioneros. El gobierno que asume estará presionado en este tema.
Para compensar, manifiesta una postura de apoyo irrestricto a Israel y de inaceptabilidad a que Irán acceda al desarrollo nuclear. Con todo, Barack Obama ha abierto la cancha y eso significa que desde la rigidez ideológica neoconservadora no será extraño que algunas de sus decisiones no entren en el arquetipo.
En su discurso del 8 de enero, Obama hace un llamado resumido así: “Déjenme gobernar, y advierte, el futuro del país está en juego”. El mensaje es como cuando abordó el tema racial: “Si nos confinamos a nuestros rincones, no resolveremos nuestros problemas”. ¿Una receta más global?
Por los anuncios, cada vez más, la estrategia para gobernar se asemeja a la usada en la elección. Que la gente se acerque, que esté convencida del rumbo. Barack Obama es el gran comunicador. Es una incógnita si los apegados a los viejos hábitos de la política ubicados en el amplio espectro de intereses, estarán dispuestos a ceder espacio, y aceptar una dosis menor de utilitarismo.
Foto: Barack Obama, presidente electo de los Estados Unidos. / Autor: Zhang Yan - XINHUA
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