Christian Castillo - Fredy Lizarrague (IPS KARL MARX)
Este trabajo fue realizado el 26 de Mayo de 2009, publicamos el mismo por la validez del análisis.
El “capitalismo en serio” de la era K: Se fortalece la “patria sojera”
Un segundo aspecto que queremos analizar son los realineamientos que se están dando entre las distintas fracciones de la burguesía. Durante los ‘90 Argentina vivió un proceso de extranjerización de su economía. Mediante el endeudamiento y las privatizaciones, la entrada de capital extranjero se transformó en el factor dinámico del ciclo de la “convertibilidad”, donde la paridad con el dólar y las tasas de interés por encima del promedio internacional hacían altamente rentables tanto los negocios financieros como la explotación de las empresas de servicios públicos y energía privatizadas. Así mismo, el MERCOSUR servía como base para el desarrollo de un mercado regional para la industria automotriz, que vivió un período de ascenso, al contrario de lo que acontecía con el grueso de la producción industrial. Mientras, tomada de conjunto, la industria manufacturera decaía en tanto porcentaje del PBI, los sectores exportadores de la industria y las automotrices vivían un momento de fuerte expansión.
Por el contrario, durante el período de la “pos convertibilidad”, marcado por el default de una parte de la deuda externa y por la devaluación, el flujo de capital extranjero quedó fuertemente limitado, concentrándose en la entrada de capitales brasileños, mexicanos y chilenos, es decir, en el ingreso al país de algunas de las empresas que son parte de las llamadas “translatinas”. Esto no implicó, sin embargo, una disminución significativa del peso del capital imperialista sobre la economía nacional, como vimos en lo referente a la composición de las 500 principales empresas de la industria y los servicios.
El fuerte crecimiento económico de estos años permitió que el conjunto de la burguesía tuviera importantes ganancias durante este período y apoyara lo central de la política económica del kirchnerismo. Los mismos sectores que habían sido parte del bloque que promovía la dolarización en 2001 fueron disgregándose y algunos se acomodaron a la nueva situación para recuperar después de un par de años altos niveles de ganancia, como las telefónicas y los bancos. En el caso de las patronales agrarias –que en los ‘90 estuvieron divididas entre el sector más poderoso nucleado en la SRA y en CRA, favorable a la convertibilidad, y la Federación Agraria que se alineó con la fracción devaluadora de los capitalistas– se fue constituyendo un entrelazamiento de intereses que se expresó en toda su magnitud en el conflicto desatado a partir de la resolución 125. En el agro se fueron desarrollando un conjunto de transformaciones productivas, proceso que comenzó a mediados de los ‘90 pero que avanzó durante el período posterior a la devaluación, cuando se inicia un ciclo de alza de los precios de las materias primas y da un salto cualitativo la “sojización” de la producción agropecuaria. La implementación de la siembra directa y el “nuevo paquete tecnológico” controlado por Monsanto favoreció la penetración del capital financiero en el agro, gracias a la conformación de “pools de siembra” y al creciente peso de grandes empresas que abaratan costos gracias a la producción en escala. Los propietarios de menor envergadura que sobrevivieron a los ‘90 (donde desaparecieron alrededor de cien mil productores, un tercio del total, la mayoría con 500 hectáreas o menos) se transformaron en gran medida en rentistas, al arrendar sus campos a estos “nuevos actores” de la producción agrícola. La Federación Agraria se alió así a su rival histórico (la Sociedad Rural Argentina) separándose de la UIA. La frontera agrícola fue ampliada, desplazando de sus tierras a campesinos dedicados a la producción de subsistencia y se avanzó fuertemente en la deforestación en provincias como Chaco, Salta y Santiago del Estero.
Envalentonada por el crecimiento de los últimos años, toda la cadena de la producción agropecuaria (que incluye a los sectores propietarios nucleados en la Mesa de Enlace, pero también a las aceiteras y cerealeras exportadoras, a las empresas como Los Grobo y El Tejar, a las multinacionales que manejan el negocio de las semillas y agroquímicos y al capital financiero que interviene en la producción y comercialización agraria), entrelazada con el capital financiero internacional, fue conformando lo que los intelectuales kirchneristas y filokirchneristas han denominado el “agropower”, la fracción de la burguesía local por la cual se expresan más directamente las presiones del mercado mundial para que Argentina organice su economía alrededor de la producción que le demanda la división del trabajo internacional: principalmente la soja, un producto primario con bajo valor agregado, acompañada por el trigo, maíz, carne y leche. Un sector que tiene como ideal al llamado “modelo agroexportador” que se desarrolló entre 1880 y 1930.
Durante los gobiernos de Duhalde y Kirchner, si bien las patronales agrarias vieron un aumento importante de su rentabilidad, aún respecto de los promedios de la década de los ‘90, fueron un sector políticamente relegado, especialmente durante los años de gobierno “pingüino”, incluso antes de la 125. En este período, los sectores políticamente más favorecidos fueron la industria, que se vio beneficiada por el tipo de cambio y distintos subsidios directos e indirectos (en parte surgidos de lo recaudado por el Estado en concepto de retenciones) y un sector de capitalistas “amigos” que creció de la mano de obras públicas y otros negocios (concesiones petroleras, del juego, etc.). Sin embargo, se mostró como una utopía reaccionaria el intento “desarrollista” de recrear una burguesía industrial pujante: el mercado interno local es una base muy estrecha para un proyecto de este tipo, con salarios muy bajos en parte importante de la clase trabajadora como para impulsar una demanda sostenida y una productividad industrial muy por debajo de los parámetros internacionales en una economía mucho más abierta a la competencia internacional de lo que era a mediados de los ‘70. Y a su vez los salarios son relativamente altos para que en Argentina se produzca un desarrollo industrial exportador de tipo asiático, pues éste se dio en base a la disponibilidad de mano de obra barata y abundante. En realidad, más allá del uso demagógico del “vivir con lo nuestro”, un desarrollo nacionalista autárquico no está en los planes de ningún sector burgués de peso en el país, pues implicaría un enfrentamiento a las potencias imperialistas y un necesario (y peligrosísimo) apoyo en el movimiento obrero que no se atreven ni a pensarlo.
El “agropower” viene pujando por un nuevo realineamiento de fuerzas al interior de la burguesía, teniendo como aliados a una parte del capital imperialista y como voceros más directos a políticos que pertenecen tanto a la nueva derecha empresarial, expresada por Macri y De Narváez, como a la propia Elisa Carrió, que postula “retenciones cero” y la vuelta al FMI13. Es un sector que tiene una importante relación con algunos de los principales medios de comunicación, como Clarín y La Nación, los organizadores de Expoagro, así como diversos sectores capitalistas que tienen inversiones personales en el sector. Durante el conflicto de la Mesa de Enlace con el gobierno lograron el apoyo de gran parte de la población de las ciudades de la pampa húmeda y de sectores de la pequeña burguesía urbana. Se saben a su vez un sector dinámico y competitivo a nivel internacional, de donde surgen gran parte de los dólares sobre los que se sostiene la economía nacional. Sin embargo, por más que logre un realineamiento de fuerzas más favorable al interior de la burguesía, es difícil que este sector pueda imponer un plan “neomenemista” ya que su “proyecto de país” implicaría liquidar la redistribución de la renta agraria que históricamente ha permitido sostener a la burguesía mercadointernista (e incluso a sectores de la gran burguesía) y entrar en guerra civil con el movimiento obrero. Y además tiene en contra la dinámica de la crisis internacional, donde la tendencia es a la intervención de cada Estado para preservar a su propia burguesía y no una dinámica “globalizadora” como la que se dio a los comienzos de los ‘90.
Por ello, lo que hoy parece primar como política burguesa es un intento por reconstruir una especie de “centro” que permita contener tanto a las patronales agrarias como a los sectores de la industria que se vieron beneficiados en estos años, alrededor de una devaluación mayor del peso luego de las elecciones. El mismo intento de reflotar el Grupo de los 7 “que agrupa a la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino (Adeba), la Cámara de Comercio (CAC), la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Confederaciones Rurales Argentina (CRA), la Cámara de la Construcción (CAC), la Sociedad Rural Argentina (SRA) y la Unión Industrial Argentina (UIA)” es a la vez una forma de “marcar la cancha” frente al nombramiento de directores estatales en las empresas en las que el Estado tiene acciones, producto de la nacionalización de las AFJP, y un intento de lograr un bloque burgués único que permita, de algún modo, superar la fragmentación actual e imponer la agenda pos electoral14. En el mismo sentido tenemos que mencionar el nuevo protagonismo que está desplegando la Asociación Empresaria Argentina (AEA), compuesta en su mayoría por empresas que se cuentan entre las 100 que más venden o facturan15.
Sin embargo, este intento de recomponer cierta unidad burguesa no es sencilla, ya que la combinación entre crisis económica y política hacen surgir fricciones permanentes, como pudo verse en el enfrentamiento que se dio en la Unión Industrial Argentina a partir de las declaraciones del presidente de la filial local de FIAT, Cristiano Ratazzi, que atacó el proteccionismo y la política de “vivir con lo nuestro” que achaca al gobierno nacional y a otros industriales16.
Ni que hablar si la crisis económica pasa a tomar características catastróficas, como ocurrió a fines del 2001, cuestión que llevará a nuevos realineamientos en la burguesía y entre las clases en general, mediados así mismo por la dinámica de la lucha de clases y por lo que esté ocurriendo en el terreno internacional.
El peronismo dividido tendrá que “gestionar” la crisis
Kirchner asumió el gobierno en mayo de 2003 en medio (y producto de) una crisis profunda del régimen de partidos, no sólo del radicalismo que había implosionado luego de la caída de De la Rúa17 sino también del peronismo que presentó en la elección presidencial tres candidaturas distintas (Kirchner, Menem y Rodríguez Sáa). El santacruceño, que llegó a la presidencia bendecido por Duhalde y sólo con un 22% de los votos, logró prestigiarse rápidamente aprovechando el crecimiento económico que se había iniciado meses antes y capitalizando medidas como el recambio de la Corte Suprema y su discurso de “derechos humanos”, incluyendo el voto de la bancada oficialista para la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. En ese entonces Kirchner jugaba con la idea de separarse de Duhalde rearmando el sistema político en base a dos coaliciones, una de centroizquierda (la “transversalidad”) y otra de centroderecha. En 2005 aprovechó el pico de su popularidad para deshacerse de Duhalde, en la elección en la que Cristina derrotó en Provincia de Buenos Aires a Chiche Duhalde. Luego logró incluso la adhesión de diputados que habían asumido como parte de las listas duhaldistas, a la vez que poco a poco fue abandonando su discurso “transversal” y “pejotizando” su gobierno, aunque con una campaña presidencial de Cristina que, de la mano de Alberto Fernández, puso su acento en tratar de seducir a las clases medias (que en el caso de muchas ciudades votaron en su contra) detrás de la idea de “hacer un país normal”. La “transversalidad” (que al menos discursivamente incluía a los “movimientos sociales”) dio paso a la “concertación plural” con los “radicales K” (gobernadores e intendentes nada “progresistas”, como Cobos). Hasta el conflicto con las patronales agrarias el peronismo estaba alineado casi en su totalidad con Kirchner (recordemos la reunión con Lavagna para reincorporarlo al PJ oficial en el verano de 2008), a caballo del triunfo electoral en las presidenciales de octubre de 2007. Durante el conflicto por la Resolución 125 comenzó un decantamiento respecto del oficialismo por izquierda y por derecha, que ha continuado hasta el presente, llevando a Kirchner a tener que apoyarse en una base cada vez más estrecha, con sectores peronistas fuera del PJ y una oposición interna dentro del mismo que va con candidatos enfrentados a los del oficialismo buscando mantener el voto “sojero” de las provincias de la pampa húmeda y de Entre Ríos.
Para enfrentar su desgaste político, con la llegada del parate económico como parte de la crisis capitalista internacional, los Kirchner han realizado decenas de jugadas tácticas que han tenido como característica su rápido agotamiento, con excepción de la nacionalización de los fondos jubilatorios, una medida que aunque le ha dado cierto aire al gobierno de los K ha sido tomada en forma tardía en función de los tiempos de la crisis. Así, en los últimos meses de 2008, hicieron 13 anuncios vinculados a planes de incentivo al consumo, a inversión en obra pública y al blanqueo de capitales, cuyo impacto fue muy limitado en contener la caída de la economía. Ya a comienzos de este año fue el anuncio del adelantamiento de las elecciones legislativas para el 28 de junio, tratando de evitar un escenario de derrotas previas en elecciones locales varias, como ya había ocurrido en Catamarca. Luego vino la medida de coparticipar parte de lo obtenido en concepto de retenciones a la soja, con el fin de quitarle base a una nueva ofensiva de las patronales agrarias. Finalmente, el recurso a las “listas testimoniales” en la Provincia de Buenos Aires, poniendo a Scioli como segundo de Kirchner en la lista de diputados nacionales y a los intendentes a encabezar las listas de concejales de cada distrito bonaerense18, tratando de sumar votos de “abajo hacia arriba”, partiendo de la imagen favorable con la que cuentan tanto el gobernador bonaerense como varios intendentes. Con ello Kirchner pretende también cerrar el paso al “doble juego” de los intendentes (es decir, a poner seguidores suyos en las listas de concejales tanto del Frente Para la Victoria kirchnerista como en las del “peronismo disidente” de Francisco De Narváez y Felipe Solá) y tratar de resultar vencedor en el plebiscito en que ha transformado la elección legislativa.
Con la separación respecto del oficialismo de Reutemann en Santa Fe y Schiaretti en Córdoba, el kirchnerismo tiene perdidas las elecciones en estas dos provincias así como en la Ciudad de Buenos Aires y, posiblemente, en Mendoza, o sea en cuatro de los cinco principales distritos electorales del país. Su destino depende de una victoria en la Provincia de Buenos Aires y, en particular, en el Gran Buenos Aires, intentando alcanzar, entre un 35 y un 40% de los votos de la provincia y apostando a una división pareja del voto opositor entre el pan-radicalismo y el peronismo disidente. Pero aún en el caso que logre su hipótesis de máxima, su liderazgo dentro del peronismo no volverá a ser el mismo. Distintos pronósticos coinciden en que, aunque el gobierno podría retener por poco la mayoría propia en el Senado, difícilmente la mantenga en la Cámara de Diputados.
El peronismo se encuentra dividido en tres sectores de peso: a) los que aún respaldan a Kirchner, fundamentalmente los intendentes de conurbano, Scioli y la burocracia sindical (moyanismo y un ala de la CTA); b) el peronismo aliado al macrismo (o PRO-peronismo) cuyas cabezas visibles son Solá y De Narváez, detrás de los cuales está Duhalde y su troupe; c) el peronismo “federal” al cual se postulan liderar Reutemann, Schiaretti y Busti, que apoyaron a la patronal sojera pero no aceptaron aliarse a Macri, con lo cual pretenden representar cierta continuidad con el “modelo K” en lo que respecta a la relación con los sindicatos y el aparato pejotista.
Kirchner está pagando los costos de no haber construido “tropa propia” durante los años de su apogeo. Sus aliados actuales (como Scioli, los intendentes del Gran Buenos Aires, los gobernadores de provincias del norte y de la Patagonia y la dirección de la CGT, fundamentalmente Moyano) son sectores que tienen a su vez juego propio y que también se preparan para un posible cambio de timón en el PJ, al que aspiran liderar o condicionar. El propio Scioli compite con Reutemann por este liderazgo posterior, cuestión que también será dirimida en función de los propios realineamientos que se están dando al interior de la burguesía, ya que ambos expresan distintas fracciones. Y hay que ver cómo se alinean los actuales peronistas disidentes ante este escenario futuro, ya que De Narváez puede en 2011 ser tanto el candidato a gobernador de Reutemann o Scioli –menos probable de Solá que quedó debilitado con el adelantamiento electoral– como de una candidatura presidencial de Mauricio Macri alternativa al peronismo. Como vemos, un panorama abierto que no estará exento de sorpresas.
Aunque hay varias especulaciones sobre que hará Kirchner luego del 28 de junio. Scioli aparece hoy como el más probable candidato presidencial de recambio que puede proponer el mismo kirchnerismo para articular un nuevo esquema de poder al interior del PJ –donde tengan cabida sectores hoy enfrentados con el kirchnerismo y éste quede como ala de “centroizquierda”– y a la vez exprese una primacía del “partido de la producción” bonaerense, con peso de la industria pero manteniendo una relación de negociación –y no de enfrentamiento como la actual– con las patronales agrarias.
Es probable, sin embargo, que todo resulte mucho más convulsivo, ni hablar si finalmente Kirchner no obtiene la diferencia buscada en las legislativas; o si, por el contrario, logra un resultado más o menos favorable y cree que puede seguir gobernando como si nada hubiera pasado, sin negociar cuotas de poder con aliados y adversarios. Y menos aún, si más allá de la mejora parcial en los precios de la soja –que volvieron a los niveles de comienzos de 2008 debido en gran parte a la importante caída en la cosecha de este año19– nuevas vueltas de tuerca de la crisis internacional aceleran todos los tiempos.
Si el kirchnerismo no logra contener su desgaste, hay que ver hasta dónde un peronismo fragmentado como en la actualidad puede volver a jugar el papel de “partido de la contención” que tuvo en 2001, cuando Duhalde tenía el control del PJ de la Provincia de Buenos Aires y, en alianza con el radicalismo alfonsinista, pudo recomponer, al calor de la conformación de un escenario económico internacional favorable, la maltrecha gobernabilidad burguesa trastocada por la crisis y los levantamientos populares de diciembre de 2001 y primeros meses de 2002.
Respecto al resto de los partidos, coaliciones o proto partidos de la burguesía, en el caso del espacio radical, con el PS como satélite, es clara la tendencia a una convergencia entre sus distintos sectores, con una previsible interna entre Cobos y Elisa Carrió para definir quién encabezará en 2011. Esta tendencia se apoya en el pase a la oposición al kirchnerismo del grueso de las clases medias, cuestión que ya se había manifestado en las elecciones presidenciales de 2007 en varios de los principales centros urbanos y se extendió en el conflicto por las retenciones a los pueblos y ciudades de la pampa húmeda.
En el caso de Macri, que expresa el intento de poner en pie un partido de la derecha empresarial con perfil de “gestión”, depende para su proyección nacional de articular con algún sector del peronismo –como está haciendo en esta elección– o, en todo caso, apostar a una elección presidencial con tres candidatos parejos y apostar a ganar la totalidad del voto antiperonista en una hipotética segunda vuelta contra Scioli o Reutemann.
De conjunto, la política conciente de una fracción de la burguesía para imponer una cierta organicidad de los partidos políticos, que vimos en su máxima expresión en los días que siguieron a la muerte de Raúl Alfonsín, sólo ha tenido resultados hasta el momento limitados, aunque en esta elección hemos visto cómo los candidatos más mediáticos han debido “revalorizar” la importancia histórica de los “aparatos” existentes. Es que frente a una crisis de magnitud, como la que se perfila, la burguesía no puede dejar todo en manos de figuras mediáticas incapaces de actuar frente a eventuales acciones de masas. El repentino renacimiento del amor por los partidos responde al instinto de una clase que vio en la muerte de Alfonsín cómo perdía a uno de sus pocos hombres experimentados en defender la “gobernabilidad” a cualquier precio.
Notas:
13) En el peronismo Schiaretti y Reutemann también expresan los intereses de los capitales sojeros de Córdoba y Santa Fe, aunque si aspiran a jugar un papel dirigente en el PJ, sus planteos tienen que contemplar de alguna forma las necesidades de los “barones” del conurbano y de la base sindical del peronismo.
14) Según señalaba Marcelo Bonelli en el “Panorama Empresario” del diario Clarín analizando dicha reunión “los líderes de las centrales empresarias… decidieron conformar un equipo técnico para elaborar ‘cinco iniciativas básicas de consenso’. Entre los puntos centrales se incluirían: corregir los actuales desvíos macroeconómicos y emprolijar pautas de salarios, devaluación y tasa de interés; reforma impositiva, para tratar en un marco fiscal el tema retenciones; medidas de fondo para enfrentar la crisis internacional; regenerar el perdido clima de negocios e inversiones; normalización de las estadísticas oficiales. Los ‘jefes’ del G-7 autóctono hablaron de política y sacaron una conclusión: los márgenes de acción del Gobierno se achicarán después de las elecciones” (24/04/09).
15) AEA tiene actualmente como presidente a Luis Pagani de Arcor, y como vicepresidentes a Paolo Rocca de Techint, a Héctor Magnetto del Grupo Clarín, a Sebastián Bagó de Laboratorios Bagó, a Viktor Klima de Volkswagen, a Amalia Lacroze de Fortabat del Grupo Fortabat, a Enrique Pescarmona de IMPSA, Carlos Miguens del Grupo Miguens, a Aldo Roggio del Grupo Roggio, a Miguel Acevedo de Aceitera General Deheza, a Antonio Gomis Saez de Repsol-YPF y a Alfredo Coto. De conjunto es una asociación que reúne a los principales grupos económicos locales junto a representantes de empresas multinacionales (que nuclean a un 40% del total), principalmente de capitales europeos, siendo el Citi es prácticamente el único grupo estadounidense representado. De los sectores con fuerte incidencia en la producción agraria están sólo Los Grobo, Nidera y Sancor, y Aceitera General Deheza en el caso de las cerealeras exportadoras.
16) Ratazzi declaró en una conferencia dada en la Fundación Libertad que era equivocado pensar que se podía “vivir con lo nuestro” como opinaban “muchos industriales” y que Argentina era el único país que no había aprendido nada de la crisis del ‘29. También señaló que la UIA “estaba cambiando”, y que ahora se iba a alinear más claramente con el campo y la AEA, y que durante el mandato como presidente de la central de las patronales industriales de Juan Carlos Lascurain sólo iba a las reuniones de comisión directiva “a leer el diario”. Las respuestas no tardaron en llegar, puntualizadas en el hecho del “doble discurso” del presidente de la FIAT, que en estos años recibió importantes subsidios por parte del gobierno al igual que el conjunto de las automotrices, estimados en un 35% del costo de producción.
17) Recordemos que la candidatura presidencial de Leopoldo Moreau obtuvo en las elecciones de abril de 2003 sólo un 2% de los votos nacionales.
18) Unos 45 intendentes participarán en las listas oficialistas.
19) La cosecha total caería de unas 97 millones de toneladas en el 2007/2008 a unos 75 millones en la cosecha 2008/2009.